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Guía completa

La carta del restaurante, bien hecha

Estructura, descripciones que venden, precios y los errores que evitar: las reglas que funcionan de verdad, en papel y en digital.

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La carta es el vendedor que habla con todos los clientes de tu restaurante, en cada servicio: de cómo está estructurada y escrita depende una parte concreta de la caja. Esta guía reúne las reglas que funcionan de verdad —estructura, descripciones, precios— y los errores más comunes que evitar, con un capítulo final sobre cómo llevarlo todo al digital.

La estructura correcta de una carta de restaurante

Una buena carta es ante todo una estructura clara: categorías reconocibles —entrantes, primeros, segundos, guarniciones, postres— en el orden en que el cliente las busca, con como mucho una sección especial para las propuestas que dan identidad al local. Las «especialidades del chef» que duplican la mitad de los segundos confunden en vez de vender.

Sobre el número de referencias, la investigación y la experiencia dicen lo mismo: demasiada oferta paraliza. Una carta de entre 25 y 40 referencias en total se lee en un par de minutos, transmite cocina fresca y se gestiona mejor también en almacén y mermas. Dentro de cada categoría, el orden no es neutro: las dos primeras posiciones y la última son las más miradas, y son el sitio adecuado para los platos con los que más margen tienes. La jerarquía visual —un plato destacado, una foto, un recuadro— hay que usarla con moderación: si lo destacas todo, no has destacado nada.

Descripciones que hacen pedir

Entre «Chuletón a la brasa» y «Chuletón de vaca vieja gallega madurado 45 días, a la brasa, con pimientos de Padrón y sal en escamas» hay la misma receta pero un valor percibido muy distinto. La descripción eficaz cabe en una o dos líneas y responde a tres preguntas: qué lleva el plato, cómo está preparado, qué lo hace tuyo.

Las palabras que venden son concretas: el origen (el pimentón de la Vera, la gamba de Huelva), la técnica (a baja temperatura, ahumado en casa, confitado), las texturas (crujiente, cremoso, templado). Las que hay que recortar son los adjetivos que no demuestran nada: delicioso, exquisito, sabroso; si cada plato es «una explosión de sabores», ninguno lo es. Atención, por último, a las promesas verificables: «casero» y «pescado del día» solo se escriben si son verdad. El cliente de hoy pregunta, comprueba y, si descubre el engaño, lo escribe en las reseñas.

Precios: dónde ponerlos y cómo escribirlos

La forma en que presentas los precios cambia cómo elige el cliente. El error más extendido en las cartas españolas es la columna de precios alineados a la derecha con la línea de puntos: convierte la carta en una lista de precios e invita a comparar números eligiendo a la baja. La solución es poner el precio al final de la descripción, en el mismo cuerpo de texto, sin puntos.

Las cifras finales comunican el posicionamiento: precios redondos para el restaurante de gama media y alta, los ,90 para los formatos económicos; lo importante es la coherencia en toda la carta. Y en cada categoría hace falta un plato premium que sirva de ancla: pocos lo piden, pero su presencia hace parecer razonables los platos de precio medio-alto, que son los que de verdad quieres vender. Los precios, además, hay que revisarlos al menos dos veces al año con el escandallo en la mano: los pequeños retoques frecuentes pasan desapercibidos, la gran subida anual acaba en las reseñas.

Los errores más comunes en las cartas de los restaurantes

Trabajando con cartas se encuentran siempre los mismos errores, y vale la pena enumerarlos porque cada uno tiene un remedio sencillo:

  • La carta kilométrica: ochenta referencias que paralizan al cliente y agotan a la cocina. Remedio: recortar lo que vende poco y deja menos margen.
  • Los precios corregidos a bolígrafo: transmiten dejadez y subidas improvisadas. Remedio: una carta que se actualiza sin reimpresiones.
  • Alérgenos ausentes o desfasados: además del riesgo de sanciones, obligan a la sala a perseguir a la cocina con cada pregunta. El Reglamento (UE) 1169/2011 los hace obligatorios.
  • Traducciones macarrónicas: la carta en inglés traducida palabra por palabra hace sonreír a los turistas por el motivo equivocado.
  • Erratas y siglas internas: el cliente no pregunta qué significan, pide otra cosa.

Lo interesante es que más de la mitad de estos errores nacen de la misma limitación: el papel cuesta, así que no se actualiza.

De la carta de papel a la carta digital

Las reglas vistas hasta aquí valen para cualquier soporte, pero aplicarlas en papel tiene un coste: cada reescritura, retoque de precio o cambio de temporada significa imprenta. Es el motivo por el que tantas cartas se quedan paradas durante años a pesar de las buenas intenciones. La carta digital elimina esa fricción: descripciones reescribibles cuando quieras, precios actualizables en un minuto, platos de temporada que entran y salen sin reimpresiones, alérgenos alineados con cada cambio de receta.

Con Ordinami la carta se convierte en una página web accesible desde el QR de la mesa, con fotos, seis idiomas para los turistas y, en los planes más completos, pedidos desde la mesa y estadísticas de los platos más vendidos: los datos que hacen falta para aplicar de verdad la ingeniería de menús. Si estás construyendo la carta desde cero, la página crear la carta de un restaurante te acompaña desde la elección de los platos hasta la publicación; si quieres probar ya, puedes registrarte y cargar la primera categoría esta misma noche.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas referencias debería tener la carta de un restaurante?

Entre 25 y 40 referencias en total para la mayoría de los locales: suficientes para elegir, no tantas como para paralizar al cliente y cargar cocina y almacén.

¿Los alérgenos en la carta son obligatorios?

Sí: el Reglamento (UE) 1169/2011 obliga a informar al cliente sobre los 14 alérgenos presentes en los platos, por escrito y de forma precisa, sugerencias fuera de carta incluidas.

¿Dónde conviene colocar los platos más rentables?

Al principio y al final de cada categoría, que son las posiciones más miradas, con una descripción cuidada y, si es posible, una foto.

¿Mejor precios redondos o que terminen en ,90?

Depende del posicionamiento: redondos para la gama media y alta, ,90 para los formatos económicos. Lo que cuenta es la coherencia en toda la carta.

¿Cómo llevo mi carta de papel a internet?

Con Ordinami recreas la carta en el panel guiado, el sistema genera el código QR para imprimir en las mesas y desde ese momento lo actualizas todo en tiempo real.

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