El menú es el único vendedor que habla con todos los clientes, en cada servicio, sin cansarse nunca. Sin embargo, en muchos locales es también el colaborador más descuidado: escrito hace años, crecido por estratificaciones, nunca cuestionado. Estos son los nueve errores que se encuentran con más frecuencia, con el remedio para cada uno.
Errores de estructura
- Demasiadas opciones. Ochenta platos no tranquilizan: paralizan, alargan los tiempos de elección y hacen dudar de la frescura. Remedio: corta lo que vende poco y margina peor. Un menú entre 25 y 40 opciones se gestiona y se vende mejor.
- Categorías confusas. "Nuestras especialidades" que duplica la mitad de los segundos desorienta. Remedio: categorías estándar y reconocibles, con como máximo una sección especial.
- Ninguna jerarquía. Si todo tiene el mismo peso visual, el cliente elige al azar o al mínimo. Remedio: destaca dos o tres platos por categoría, los que tienen el margen mejor.
Errores de redacción
- Descripciones ausentes o descuidadas. "Tournedó de ternera" no dice corte, cocción ni procedencia. Dos líneas escritas bien aumentan el valor percibido del plato.
- Siglas y jerga interna. El cliente no sabe qué es la "gricia 2.0" y a menudo no pregunta: pide otro.
- Errores y traducciones macarrónicas. Un menú en inglés traducido palabra por palabra hace sonreír a los turistas, pero no en el sentido que querrías.
Errores de precio y actualización
- Precios en columna con puntos. La columna invita a elegir en función del número, no del plato. Remedio: precio al final de la descripción, sin líneas de puntos.
- Precios corregidos a mano. Comunica descuido y hace pensar en incrementos improvisados. Es el error que un menú digital elimina de raíz: actualizas el precio desde el panel y el menú siempre está limpio.
- Alergenos olvidados. Además de ser una obligación legal, la falta obliga al personal a perseguir a la cocina en cada pregunta.
Finalmente, hay un décimo error transversal: el menú que no cambia nunca. Incluso el cliente más fiel, en la vigésima visita con las mismas cuarenta opciones, deja de leer y pide de memoria — y la factura se aplasta con él. El plato del día, una propuesta estacional, una rotación incluso mínima: basta con poco para reavivar la curiosidad, que es el resorte con el que se venden los aperitivos y postres adicionales.
Por dónde empezar
No hace falta rehacer todo en una noche. Toma el menú actual y los datos de ventas de un mes, elimina las cinco opciones que nadie pide, reescribe las descripciones de la categoría más importante y ajusta la posición de los precios. Si entretanto quieres llevarlo en línea, con Ordinami puedes crear el menú digital partiendo precisamente de esta limpieza: cargar un menú es el momento perfecto para corregir sus errores, porque te obliga a releerlo voz por voz como haría un cliente. Y si puedes, haz que también lo lea alguien que no trabaje en el local: los ojos frescos encuentran en diez minutos los errores que quien los ha escrito ya no ve.